El relojero de Torroja y su secreto
Me contó que en noches largas, cuando el viento golpea la llicorella y las botellas reposan, ajusta el mecanismo escuchando no el tic-tac, sino la respiración del pueblo. Dice que una vuelta mínima en el eje cambia la manera en que la mañana despierta. Sus manos, manchadas de aceite y mosto, unen bodega y campanario sin palabras. Al despedirnos, subrayó: el tiempo, como el vino, no se apura; se acompaña hasta que encuentra su voz estable eterna.